Un proyecto con alma
Hay empresarios que, tras alcanzar el éxito en sus negocios, deciden reinvertir su dinero en nuevas oportunidades. En el caso de Manuel García- Portillo, su apuesta ha sido clara y decidida: recuperar y rehabilitar antiguas masías que habían quedado abandonadas por sus propietarios. Se trata de una apuesta firme por el territorio, por el mundo rural y por las personas que lo habitan.
Cada una de las fincas rehabilitadas, nueve en total, es una pequeña joya arquitectónica de principios de siglo XX que en su día pertenecieron a la burguesía valenciana, pero el paso del tiempo y el abandono las habían llevado a un estado de grave deterioro. Como tantas otras edificaciones de Terres dels Alforins, corrían el riesgo de desparecer entre ruinas y escombros.
Frente a esa pérdida irreparable de patrimonio, aparecen iniciativas que devuelven la esperanza. Personas como Manuel García- Portillo, aportan ilusión, conocimiento, ideas y también una importante inversión económica para rescatar estos espacios y devolverles la vida. No se trata solo de restaurar edificios, sino de preservar la memoria y la identidad de un territorio.
Finca La Muda, en Moixent. Foto: 5 Barricas (Laura Lázaro)
La llamada “España vaciada” de la que tanto se habla, necesita precisamente proyectos de este tipo. Muchas veces se debate sobre el problema, pero faltan soluciones reales y, en ocasiones, incluso desde la propia Administración surgen trabas que dificultan el desarrollo del mundo rural. Sin embargo, iniciativas como la impulsada por García-Portillo abren una puerta de esperanza para que el medio rural vuelva a resultar atractivo para nuevas generaciones.
Moixent, junto con la Font de la Figuera y Fontanars dels Alforins, forma un triángulo privilegiado donde el paisaje agrícola sigue siendo el gran protagonista. En sus tierras se extienden grandes explotaciones agrícolas de viñedo, cereal, almendros y olivos, un paisaje que define el carácter y la historia de esta comarca.
Aunque Manuel García Portillo nació en Cervera del Maestre, un pequeño municipio del norte de Castellón, su vinculación con Moixent se remonta a sus primeros años de infancia. Ese vínculo emocional con la tierra ha sido, sin duda, uno de los motores que impulsan su proyecto.
Así nace Proyecto Origen, una iniciativa ambiciosa y valiente que, como el propio García-Portillo repite con frecuencia, es ante todo “un proyecto de personas para personas”. Se trata de un regreso a los orígenes, a las raíces y a la esencia del territorio. Pero no es únicamente una cuestión sentimental o romántica —aunque seguramente también lo sea en parte—, sino el reflejo de la visión de los empresarios emprendedores que no se amedrentan ante las dificultades y que siempre buscan ir un paso más allá.
García -Portillo podría haber invertido en otros proyectos, probablemente más rentable desde el punto de vista económico. Sin embargo, ha decidido apostar por algo diferente: poner en valor el territorio y contribuir a revitalizar esta parte del mundo rural que se llama Moixent.
En tiempos en los que tanto se habla de despoblación y abandono, conviene recordar que también existen proyectos capaces de devolver vida a los pueblos. Este es, sin duda, uno de ellos. Un proyecto que demuestra que cuando la iniciativa, el compromiso y el amor por la tierra se unen, el resultado puede tener algo que hoy escasea: alma.


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