El sonido del campo
Caminar estos días por el campo es una auténtica maravilla. No solo por el verde intenso de las siembras o el despertar pausado del viñedo, sino por esa sinfonía natural que lo envuelve todo y que, sin darnos cuenta, marca el ritmo de la vida. En los pinos cercanos se escucha el ulular de las palomas, especialmente inquietas en esta época de cría, revoloteando de rama en rama como si custodiaran el paisaje. Cada primavera regresa también un sonido inconfundible: el de la oropéndola, una pequeña ave de plumaje amarillo y negro, tan discreta como hermosa, cuyo canto parece anunciar que la estación ya está en su plenitud. Ayer mismo tuve la suerte de ver una pareja; año tras año vuelven, fieles, como si este lugar también fuera su hogar. No menos singular es la abubilla, con su cresta elegante y sus tonos cálidos. Su canto rítmico es parte esencial de estos días, y además cumple una función silenciosa pero valiosa: combatir la procesionaria, esa plaga que tanto daño causa. La naturaleza, ...






