Amor por el campo
Adrián, con apenas cinco o seis años, ya acompañaba a su padre en el tractor. Se sentaba a su lado y pasaban las horas juntos, mientras él no dejaba hacer preguntas porque a su edad la curiosidad es inagotable.
Los fines de semana, en lugar de salir con sus amigos, Adrián prefería subirse al ebro 55 que su padre había comprado con sus primeros ahorros. Junto recorrían los campos: viñedos viejos, plantados en vaso, de poca producción, pero de gran calidad. Algunos tienen tantos años que resulta imposible saber con certeza cuántos años tienen y aún así la yesca no ha podido con ellos. Estamos a comienzos de la vendimia. Los racimos que cuelgan de las vides anuncian una cosecha prometedora.
Estas son tierras de la DOP de Alicante, donde la uva monastrell es la variedad por excelencia. Generaciones de agricultores y viticultores han hecho de este lugar una referencia en el mundo del vino, a la altura de otras zonas emblemáticas de España. Si la Rioja es sinónima de tempranillo, Alicante lo es de monastrell, gracias a su clima, sus suelos y la perseverancia de quienes siguen apostando por esta uva que lleva siglos conviviendo entre nosotros y que es única en el mundo.
Los viñedos se pierden en el horizonte. La mañana ha amanecido con algo de lluvia y el aroma a tierra mojada lo envuelve todo. Un paisaje que invita a celebrarse con una buena copa de vino en las manos.


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