El nogal de los regalos (2)

Todos los años, en el nogal de los regalos, hay alguna sorpresa, y este año no iba a ser menos. Hace unos días pasé por allí y había una bolsa llena de regalos. Los he colocado alrededor del árbol de Navidad que está al pie de la escalera de casa y que, a pesar de no ser natural, está engalanado con bolas rojas, flores de pascua y una tira de luces blancas que recorre toda su estructura. El árbol se alza dentro de medio barril de vino cortado, que hace de macetero, adornado con guirnaldas a su alrededor.
El nogal tiene un porte robusto, casi centenario; incluso en invierno sin hojas, es un espectáculo verlo. La magia de la Navidad lo convierte en un lugar especial, cargado de misterio e ilusión, como si cada rama guardara un secreto. Solo los más viejos del lugar conocen el secreto que guarda bajo sus ramas. Impertérrito al paso del tiempo, bajo sus intrincadas ramas esconde algo mágico. En su tronco, henchido por la humedad, anidan cientos de historias. Esta que les cuento comenzó hace unos años, cuando una noche de Reyes el árbol apareció repleto de regalos. Desde entonces, cada 5 de enero, fiel a su cita, Sus Majestades depositan allí sus regalos. Y yo, año tras año, vuelvo a acercarme al nogal con la misma ilusión de siempre, como si el tiempo no hubiera pasado. Bajo sus ramas desnudas, la infancia parece regresar por un instante y todo vuelve a ser posible. Porque mientras existan lugares así, capaces de guardar la magia, los Reyes nunca dejarán de acordarse de nosotros.

Comentarios