Imposible olvidarla
El viernes fui a Valencia a ver a mi hermana. La han operado de una infección en la cadera provocada por una bacteria. Por suerte, no tuvieron que sustituirle la prótesis. Lleva ya cuatro operaciones. Estuve un rato por la mañana, hasta la hora de comer, y luego por la tarde. Las dos veces cogí un taxi para ir al hospital, y después regresé caminando.
Esperé a que terminara de cenar y me fui dando un paseo hasta el parking donde tenía aparcado el coche. Al llegar a la calle Sorní, junto a la cafetería Nodo, me detuve frente a un coche. Era un Fiat 500 rojo. El mismo que le regalé a mi ex mujer. Todavía me cuesta decir ex. No me he acostumbrado. Me acerqué y vi la matrícula: era el suyo. No recuerdo la matrícula de mi propio coche, pero la suya sí. Pensé en dejarle una nota, como aquella vez que aparcó en el parking, pero no llevaba bolígrafo. Creo que nunca la leyó. El corazón me dio un vuelco. De pronto, la ansiedad se apoderó de mí. Me ocurre cada vez que me pongo nervioso y no sé cómo controlarla. Soy poco amigo de los psicólogos. Han pasado casi cinco años desde la separación, pero no he conseguido olvidarla. Sigo enamorado de ella. Hubiera ido corriendo a sus brazos. Como cuando éramos felices. Como cuando soñábamos juntos. Como cuando nos besábamos, como si fuera el último día de nuestra vida. Yo tarareaba una canción de Frank Sinatra, y los dos bailábamos, como si el tiempo no fuera con nosotros. ¿Lo recuerdas?
Cada vez que voy a Valencia lo paso fatal. Sólo pensar en la posibilidad de cruzármela y verla acompañada, me paraliza.
Cuando vi su coche, me derrumbé. Lo confieso. Recuerdo cuando lo compramos en Alboraya. Su cara de felicidad.
Me costó irme, sin esperarla. Saber que estábamos tan cerca, después de tanto tiempo sin vernos, me desgarró. No fui capaz de ir a su encuentro.
Supongo que todo lo que ha ocurrido ha sido en gran parte por mí culpa. Por no haber sido un buen marido. Pensaba que nunca la perdería. Ese fue mi mayor error.
Seguramente estas palabras nunca verán la luz. Pero escribirlas me sirve de terapia y de autoayuda.
Le pregunté a la IA si encontrarme con el coche en una ciudad como es Valencia, donde hay miles de coches aparcados significaba algo. Yo lo percibí como una señal de algo positivo, pero no. Es solo una coincidencia. No es el que Universo me esté hablando de una próxima reconciliación. De todas formas, aunque sea muy improbable de que esto ocurra, no quiero perder la esperanza.


Comentarios
Publicar un comentario