Veinte años después sigues presente en mi vida

Hoy hace veinte años que falleció mi madre. Fue un día como hoy cuando nos dijo adiós por última vez. Era el 26 de diciembre de 2005. Desde entonces no ha habido un solo instante en el que no haya pensado en ella: en todo lo que representó en mi vida, en lo generosa que fue con todos nosotros, en su gran corazón y en su bondad infinita. Nunca le escuché hablar mal de nadie; siempre tenía una palabra amable, un gesto oportuno. Ese carácter la hacía más grande aún.
Hay una anécdota que recuerdo con especial cariño, y que alguna vez he contado. Me la relató Lola, una mujer cuya familia trabajó para mi abuela. En las fiestas de Moros y Cristianos de Ontinyent, al final del desfile salían barcas lanzando multitud de juguetes. Mi madre los recogía para dárselos después a ella. Ese gesto sencillo decía mucho de quién era. Fue un ejemplo para todos nosotros. También lo fue mi padre. Ambos se encargaron de transmitirnos unos valores que hoy nos hacen mejores personas. Papá y tú erais la pareja perfecta. Llena de amor, un ejemplo de cariño y respeto que siempre nos ha acompañado y nos ha enseñado a vivir. En mi habitación conservo un retrato a lápiz que dibujó el padre José Luis, gran amigo de la familia. Cada noche, antes de acostarme, le mando un beso de buenas noches. Mi madre sigue muy presente en mi vida y me ayuda a seguir avanzando, aunque a veces el camino se haga cuesta arriba. Siento que sigue creyendo en mí, y esa certeza me da fuerzas y aliento para no desvanecer. Veinte años después sigo echándote de menos como el primer día. Siempre confiaste en mí, estuviste a mi lado, me diste valor para enfrentarme a la vida y un cariño inmenso que todavía permanece. Cuando me siento solo, pienso en ti. Cuando no tengo ganas de seguir adelante, pienso en ti. Cuando las fuerzas me flaquean, pienso en ti. Cuando me derrumbo, pienso en ti. Aunque ya no estés conmigo físicamente, sigues acompañándome cada día. Estás en mis recuerdos, en mis decisiones, en la forma en que afronto la vida. Cuando me dan ganas de abandonarlo todo, sigues siendo el motor de mi vida. Te fuiste demasiado pronto. Siempre me lo decías, pero yo no te creía. Pensaba que nunca te morirías, porque las personas buenas no deberían morir nunca.

Comentarios