Un cielo de juguetes

Escribía Manuel Vicent con esa elegancia y ese dominio del lenguaje que le caracteriza, que hay un cielo de juguetes. Y, seguramente, allí estarán esperándome mis juguetes de la infancia para poder seguir disfrutando de ellos, tal como los disfruté cuando era niño. El cinExin, el pinball, el auto Cross, los Madelman, el coche de los Beatles con sirena o la bicicleta de carreras “Emporium” que me regalaron mis abuelos por Reyes. Aquella bicicleta fue inseparable para mí. Siempre andaba con ella y con una BH de color rojo y sillín de plástico. Iba al pueblo a por pan o a traer leche recién ordeñada. Muy cerca de dónde pasábamos los veranos vivía una familia que estaba al cuidado de una finca con algunas ovejas. Cada día las ordeñaban. Del cántaro la vertían en una botella de cristal que llevaba un tapón de porcelana, como los de la Casera.
Un cielo con los juguetes que hicieron mi infancia mucho más feliz. Para mí, el cielo es lo más parecido a ese lugar donde retornamos a la infancia. A aquellos años de absoluta inocencia, cuando aguardábamos impacientes la llegada de los Reyes Magos, y donde no podía faltar la carta que entregábamos al paje o depositábamos en el buzón del correo real, con la promesa de haber sacado buenas notas y haber sido unos niños obedientes. Seguro que en ese cielo de juguetes hay un lugar reservado para cada uno de nosotros, donde nos espera intacta la ilusión de aquellos días.

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