A punto de comenzar la campaña de la almendra

En unos días recogeremos la almendra, la poca que hay. Cada año, la producción es menor. La campaña pasada fue de poco más de dos mil kilos y este año no llegará al millar en las casi 50 hectáreas que hay plantadas en la finca de la variedad vairo. Setecientos kilos, según los cálculos del seguro agrario, que ha ido reduciendo las cantidades aseguradas: de los 15.000 iniciales a los 5.000 actuales. Y, según me dijo uno de los técnicos que visitó la finca, no descartan eliminarla de la póliza de seguros, como ya ocurre con algunas variedades de cítricos. Este año, los precios para la almendra ecológica están subiendo, la ecológica después de muchos años está entre seis y ocho euros, debido a la sequía de EEUU, principal productor mundial y país que marca los precios. A pesar de que EEUU ha impuesto aranceles a productos europeos, entre ellos el vino, el aceite o el queso, la Unión Europea ha sido incapaz de responder con la misma moneda e imponer aranceles a la almendra californiana, principal responsable de los bajos precios que perciben los agricultores españoles. Hace unos años planté cerca de 10.000 almendros de la variedad vairo, siguiendo las recomendaciones que en aquel momento hacía la cooperativa de frutos secos de la que era socio. Hasta entonces, yo ni siquiera había oído hablar de esta variedad. Decían que era muy productiva y muy regular. Todos los que plantaron vairo están ahora injertando, como es mi caso, o arrancando los árboles, como ya está ocurriendo. Un auténtico drama. Deberíamos constituir una plataforma de afectados por la vairo. La vairo no funciona. Es una variedad tardía que florece muy bien, pero que, a la hora de la verdad, sea por las condiciones meteorológicas o por otras circunstancias, no consigue que el fruto cuaje. Han salido al mercado numerosos productos para mejorar el cuajado, carísimos todos, y más cuando se trata de producciones ecológicas, donde el abuso es mayor, pero, al final, supone meter más dinero en una plantación para no sacar nada. Y uno ya se cansa de seguir invirtiendo con la incertidumbre de los precios. Si llueve durante la floración, mal, porque el fruto no cuaja. Este año, además, se ha producido una helada con temperaturas de cuatro grados bajo cero en el mes de febrero, que dañó gravemente las flores y los frutos recién cuajados que han terminado por arruinar toda la cosecha. El almendro se hiela a partir de tres bajo cero. Este año se espera una buena producción de almendra, sobre todo de la variedad guara, mayoritaria en la zona de la Vall d’Albaida. Es una variedad autóctona que, aunque es vecera- unos años produce y otros no-, suele ser bastante productiva y se adapta muy bien a las zonas de secano. Sin embargo, tiene una poda más laboriosa y es especialmente sensible a la mancha ocre y a la monilia. En diciembre injerté cerca de dos mil árboles. Tengo que decir que era mi primera experiencia con los injertos. He injertado de vairo a la variedad lauranne. Ha habido algunos fallos que habrá que reinjertar, si el árbol no se ha muerto, pero es un proceso muy laborioso. Hay que estar muy encima de la plantación. El peor enemigo es el viento, pero también los muflones. El viento ha arrancado muchas ramas y hay que limpiar los árboles muy a menudo. Se dejaron cuatro varetas por árbol y en algunos ya no queda ninguna. El injerto se hace relativamente rápido, pero después requiere mucha mano de obra, lo encarece bastante el proceso. La ventaja del injerto respecto a una nueva plantación es que el árbol ya está criado y eso permite adelantar la producción un par de años. Pero el otro gran problema, al que se le presta poca atención y que, sin embargo, cada vez afecta a más agricultores es la fauna salvaje. En mi caso, entró un rebaño de muflonas que ha arrasado cerca de cuatro hectáreas, alrededor de 800 árboles. Han dejado las ramas prácticamente sin hojas. Si no han dañado el tronco, es probable que los árboles puedan recuperarse. Después de tantos años invirtiendo en la plantación, ahora toca esperar. Esperar a que los árboles sobrevivan, a que los injertos funcionen y, sobre todo, a que la nueva variedad responda. En la agricultura siempre hay que esperar. El problema es que cada vez cuesta más esperar cuando cada año hay menos almendras.

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